Hoy el sol brillaba con fuerza, y la energía se sentía en el aire.
La mañana comenzó fría, pero poco a poco el día fue transformándose, y el calor empezó a hacerse notar.
El punto de encuentro en esta hermosa ciudad terminó siendo el mar.
Hubo meriendas en la arena y en el césped, siestas al aire libre y esa brisa suave que lo envolvía todo.
Hoy fue un día productivo, aunque no empezó así.
Bastó con mirar el cielo para encontrar una señal de esperanza, justo cuando el ánimo, tras un despertar difícil, estaba por los suelos.
Ver cómo el sol iluminaba la ventana cambió algo dentro de mí.
Fue como un impulso silencioso que decía: hoy hay que hacer algo diferente, algo que valga la pena.
Y aunque por dentro estaba rota, no me equivoqué.
El resultado fue increíble.
Tanto… como esta imagen.

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