LO QUE NO SE VE

 El fin de semana fue un huracán de emociones.

El tiempo era increíble, el sol brillaba… pero dentro de mí, los pensamientos opacaban cada rayo de luz.
Cada sonrisa se veía nublada por esa voz oscura que insistía: no estás haciendo nada.

Quizás era la sensación de no estar siendo entendida.
Y vivir en ese bucle… duele.
Duele mucho.

Porque la incertidumbre —bendita incertidumbre— pesa más de lo que uno quiere admitir.

A los 30, ya no solo te preguntas qué estás haciendo con tu vida.
También miras esos sueños que antes parecían cercanos… y ahora se sienten más lejanos.
Porque el tiempo pasa, y hay oportunidades que quizás no vuelven de la misma forma.

En mi cabeza había veinte voces intentando organizarlo todo.
Pero mi corazón —y sobre todo mi pecho— solo necesitaban escuchar una.

Una palabra simple:
respira.

Porque mi cuerpo está somatizando todo.
Porque, sin darme cuenta, me estoy desgastando desde dentro.

Y aun así…
salir de ahí se siente tan difícil.