El día de hoy se define en una palabra: cansancio.
Ese cansancio extremo en el que podrías caer rendida en el sofá o en la cama…
pero con la profunda satisfacción de haber vivido el día.
Hoy tuve la oportunidad de ver la puesta del sol.
Y en ese momento, frente al mar, algo dentro de mí se calmó.
Observar el mar genera una conexión difícil de explicar.
Es como si el cuerpo y la naturaleza se alinearan por un instante.
El ruido interno… esa voz constante… se apaga.
Y entonces, por un momento, solo queda la tranquilidad.
Y la certeza de que todo estará bien.
El aprendizaje de esta semana es claro:
pensar dos veces antes de actuar.
Respirar antes de responder.
Porque en ese espacio, aunque sea pequeño,
logramos hablar desde la objetividad
y no desde una emoción que podría herir, incluso sin querer.
Hoy solo puedo decir:
gracias por un día más en este mundo caótico.
No hay comentarios:
Publicar un comentario